"BELLEZA" - Despertando el Cielo Dormido

La belleza existe en lo etéreo. Lo he comprobado. El sonido de una cuerda metálica que es golpeada por un martillo acolchado hace que pueda estremecerse el corazón del que cree que su fortaleza es comparable a la del hormigón. El corazón más fuerte se puede volver débil, arrojar agua sobre el arroyo seco que vuelve a recobrar esperanza de proseguir su senda. El corazón más débil sucumbe al encanto de las ondas del río que en aparente inmovilidad cruza su camino, tratando de pasar desapercibido, no vaya a ser que provoque la ira de los dioses y rompan su apaciguado paso con lágrimas que rompan sobre él, tratando de desbordar el cauce que ya va hasta borde de sus emociones.

La belleza existe en lo invisible. Escondida tras las ondas que con sutilidad levanta al viento el pelo de la cola de caballo unida a la almáciga contra una cuerda firmemente tensada. Los labios de un joven pueden abrirse, cual amante esperando el primer contacto de otros labios. Su sobrecogido aliento se congela sintiendo como los latidos se aceleran y forman un plácido desasosiego.

La belleza vive en lo oculto. En lo profundo de una vocal que con elegancia cruza la estancia hasta los oídos del receptáculo que espera ser escanciado de abundancia y plenitud. Como temiendo ser descubierta por el ojo, esquiva todo lo que la obstaculiza, en un interminable zigzag que acaba recorriendo cada palmo del cuerpo. El que ve lo percibe, lo siente y agudiza su sentido para entornar cada óculo hacia su epicentro emocional.

La belleza es. Con sencillez se muestra en la tinta. Con timidez en cada latir. Con humildad en el hogar. Con sabiduría en el aroma de lo añejo. Con presencia en aquel verde que hasta el día de hoy me sigue abriendo las puertas de lo inestable y lo veleidoso.

Solo fue una palabra, que como las nubes blancas de la mañana que se evaporan cuando el sol decide levantarse de su cama y se dispone a pasear por su reino, pero al desaparecer permanecen en tu memoria como si fueran el recuerdo más tierno de tu infancia. Solo fue una palabra, pero despejó la niebla que taponaba mi voz. Arrasó como el diluvio sobre tierra árida. Y como si fuera un verbo nuevo, llegó a ser considerada mi nuevo credo.



Dicen que su significado es sinónimo de aquel que trae la salud a tu vida. Sé que a mí me curó la ceguera con la que yo mismo me había obsequiado siendo adolescente, alegando que era lo que merecía pues no había conocido otro punto de visión que la invidencia. Con un simple gesto como despegar sus labios y traer al mundo una forma lingüística que ya me era conocida pero hasta entonces no oída de aquellas cuerdas vibradas, cortó la venda. Y cayó rauda al suelo, entorpeciendo al tiempo su labor como rey, y cediendo su título a otro real ser como era el que acababa de llamar a mi corazón, dispuesto a demoler los muros de la fortaleza que durante años había empleado en construir.

La belleza existe en lo etéreo. La belleza vive en lo oculto. La belleza existe en lo invisible. La belleza está en el perfume que llegó a través de tu palabra facilitando la caída del muro, abriendo caminos. Llevando sabia hacia mis raíces. Sonetos a mis oídos para pensar en vivir de nuevo. Sonetos para volver al origen. Sonetos para la esperanza.


La belleza es, sencillamente es. Para mi recobró sentido aquel día.




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