"Insomnio del Amor Añejo" - Despertando el Cielo Dormido

Rotando sobre mis sueños,

recordé la sencillez de añejos encuentros.

Qué arduo es pretender olvidarte,

sin embargo, me es inconcebible no sentirte.

Tu arrullo, un eco en la lejanía.

Aunque es sólo un lapso, un salto al vacío

es lo que me separa de tu letanía.

Suspiro ínfimo, quebrado y frío.

– ¿Dónde te hayas presente divino?

Creí oírte en los páramos de mis latidos.

Elevo mi extraviado canto al infinito,

¿Cuál era la senda? ¿Cuál el camino?

Añicos se hace la polvareda,

al arrojar mi llanto a la nívea arena.

Ansío el céfiro que abrasa mi nuca,

de origen grácil, se hiende y alumbra.

La vigilia turba mis emociones.

Yo mismo clavé la lanza

donde las pasiones braman.

Vehemente ante el pavor de un afecto insomne.

– ¿A qué pude sentir terror?

Rindo mi cabeza al creador.

Su voz afable y gentil resplandece:

– ¿Qué fragmento del espejo temiste?

Caída vertical por el abismo.

A través del lóbrego obscuro,

sin veredicto yerro por la vega

de los inmolados.

– ¿Juzgaste mi bienaventurada dádiva?

Derribó la interrogante y con ella los tiempos.

Emanó un fulgor, melodías desde el pecho.

Tu rostro bosquejado en mi memoria,

iba desojando litigios y herejías.

Eras mi ser reflejado, como maestro ante el espejo.

Torrentes purificaron los pantanos de la razón,

otorgando luz de amor a un sanado corazón.

Marismas áridas que el océano fue a bañar,

esperanzas de volver en sí, de retornar.

Preludio para comenzar a soñar.

Quién sabe en esta vida

los derroteros que caminaremos.

Si por mar o por tierra,

si por vientos alisios y etéreos.

de Tadeo Jesús Mora Benítez





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