Renaciendo - Despertando el cielo dormido

No cesaban las golondrinas de traer dos cristales a mis recuerdos, y en ellos, un mar de esmeralda donde mi navío navegaba hasta llegar a tu boca en las noches sin luna, en las insomnes, que arrastraron mis lágrimas hacia el vacío que dejó en mi intimidad.

Mas recogí las velas que amarraste, expulsé los fantasmas que arañaban la cubierta con sus cadenas arrastradas, rompí los vinilos que me recordaban como vendí cada pizca de mi dignidad por el placer expresado en cada alabanza que vendías a otras pieles, borré la vergüenza de haber usado otras cartas de navegación que conducían al emparejado sólo por ver cómo se mostraba el nácar bajo esos labios. Como un camarero me serví del elixir del olvido que tanto exigiste a mis memorias y colmé el vaso hasta olvidar hasta tus números, hasta recordar los míos.

Cuando el sol amanezca sanaré cada herida que con arpones de odio desangraron mi esperanza en la belleza del amor ajeno, del amor insomne. Descubrí porqué lo llaman ciego e inocente, volví con ello el mío en fortaleza, lo que carecía de ella ante esas dos esmeraldas que vacías de alma, sólo absorben para sí la luz de otras para ser visible dentro de su círculo de invisibles, dentro de su escasa atención.

Navego de nuevo con mi propia brújula, saliendo de mares mansos, traidores, hacia un infinito que sólo me hace ir fluyendo con la vida, ir fluyendo con el tiempo. Renaciendo.


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