Se me escapa mi costumbre - Cantos al olvido

Cuando el fin torna a su gracia,

cae en desgracia un mortal ungido,

que por no saber razón ni grito,

se vuelve incapaz de dejar de llover.

¡Ay! Si el tiempo girara a su ayer,

cuántos besos no hubieran mis labios,

en brasa y lujuria ardiendo, atesorado,

como perlas que me hicieran volver.

¡Ay! Que miro la luna alumbrando

un cielo sin estrellas ni nubes,

y aún se me escapa mi costumbre,

de sonreír pensando que tú la estás mirando.



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